miércoles, 21 de diciembre de 2011

La espera

Y me acerqué a ella, y le susurré al oído "Él no volverá". Ella seguía sentada mirando fijamente a la ventana, mirando aquella esquina donde tantas veces él se apareció. Parecía increíble que aún después de tanto tiempo, ella desperdiciaba su juventud sentada frente a esa ventana. 

Sin voltear a verme, esbozó un indicio de sonrisa y me dijo: "Déjame, así soy feliz". Pero a mí no me engaña, con esa sonrisa mimetizada que simplemente adorna su rostro cuando alguien está ahí. Yo la he mirado a hurtadillas, la he visto llorar mientras aprieta los labios como deseando que éstos no pronuncien su nombre.

La he visto enfurruñada consigo misma, como aquél día que nos sorprendió a todos y se paró de esa silla. Recuerdo que todos nos alegramos y pensábamos que al fin volvería a ser la muchachita sonriente de antes, pero el gusto nos duró unos pocos días, y terminó volviendo al sitio en el que ahora está sentada. Recuerdo haberla espiado esa noche, escuchar que lo maldecía. Se odiaba a sí misma, se odiaba porque ella sabía en el fondo que todos teníamos razón. Sin embargo, allí estaba... sentada frente a esa ventana que parecía que le robaba los años.

"Él no volverá"... se lo digo todas las noches, se lo grito a todas horas... y sin embargo, ella se niega a escucharme. Se niega a creer que todo ha concluido. A veces yo también la odio, la detesto por ser tan bella y estar esperando a un patán. Pero otras veces comprendo a la pobre, y me siento a su lado pacientemente a ver pasar el tiempo y esperar a aquél fantasma que habita en su recuerdo...

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